NOTA: No podemos vivir sin el celular
Sunday, 29 de April de 2007BBC Mundo realiz贸 un experimento en el que siete valientes lectores aceptaron apagar su m贸vil por una semana.
驴Puede pasar siete d铆as sin su tel茅fono celular? BBC Mundo realiz贸 un experimento en el que siete valientes lectores aceptaron apagar su m贸vil por una semana.
Al final, la prueba fue de resistencia y, para m谩s de uno, de franca ansiedad.
De los siete participantes, dos tiraron la toalla antes de tiempo, porque, como admiti贸 uno de ellos, 鈥渘o podemos vivir sin el celular, as铆 como no podemos vivir sin la electricidad鈥.
El ejercicio tambi茅n dej贸 saldos de reflexi贸n sobre los h谩bitos que la tecnolog铆a genera en el comportamiento diario y la capacidad personal de recobrar los espacios de silencio perdidos.
鈥淓xperiment茅 la paciencia perdida鈥
Cecibel Romero, 36 a帽os, periodista de El Salvador, no toc贸 su celular en toda la semana y dijo que el experimento logr贸 abstraerla de la 鈥渃ultura de la velocidad鈥.
鈥淣o pude m谩s鈥
Omar D铆az, 24 a帽os, estudiante en Rep煤blica Dominicana, mantuvo su celular apagado pese a la muerte de su abuelo. Pero una beca de estudios lo hizo encenderlo dos d铆as antes del plazo fijado.
鈥淢e facilita las cosas m谩s de lo que pensaba鈥
Patricia Anariva, 25 a帽os, reportera de un diario en Honduras, lleg贸 tarde a una grabaci贸n y se perdi贸 de ver a una amiga. Al final, tambi茅n encendi贸 el m贸vil antes de tiempo.
鈥淪iento que me hace falta algo鈥
Para V铆ctor Bocardo, 49 a帽os, conductor de un programa de radio en Chiapas, M茅xico, fue una prueba de resistencia y en alguna ocasi贸n se la pas贸 buscando una caseta telef贸nica que funcionara.
鈥淓s una necesidad creada鈥
Helena Maso, 36 a帽os, dise帽adora gr谩fica en Venezuela, dej贸 su m贸vil apagado por siete d铆as sin avisarle a nadie. Cuando su hijo lleg贸 un poco m谩s tarde de lo normal, recurri贸 en el apuro al celular de su madre.
鈥淣o soy muy adicta鈥
Judith Kusevitzky, abogada argentina de 45 a帽os, siempre tuvo al alcance el m贸vil, 鈥減or las dudas鈥. Concluy贸 que s贸lo lo necesita para emergencias o para sacar fotos.
鈥淢i hijo se r铆e de m铆鈥
Patricia Mart铆nez, madre de familia en Argentina, entreg贸 el celular a su hijo mayor, Hern谩n, quien 鈥減or nada del mundo鈥 se lo cedi贸 durante los siete d铆as.
De los comentarios compartidos en el foro, se rescatan las siguientes reflexiones:
Ese aparato se ha vuelto una presencia tan invasiva en la vida de las personas, que un ayuno autoimpuesto llega a parecer una locura.
La llamada que entra a un m贸vil no puede esperar nunca. Corremos al menor ring, o a la vibraci贸n del aparato en nuestros bolsillos. Creo que se genera una descortes铆a en gran medida inconsciente y adem谩s impune: nadie parece cuestionarlo.
Sostengo ahora que hay m谩s estr茅s, no en tener el celular apagado, sino en tenerlo encendido todo el tiempo, 鈥減or si acaso鈥. Se nos va una buena cantidad de energ铆a y tensi贸n en estar pendiente de si son贸, vibr贸 o est谩 cargado.
Hemos dejado de ejercitar nuestra memoria, para ced茅rsela a un aparatito que necesita pilas.
Finalmente, es una tecnolog铆a que ya ha transformado nuestros h谩bitos y que, por otra parte, empieza a hacer mucho bien en proyectos de desarrollo en comunidades marginadas.
驴Adictos? Puede haberlos, como los que se llevan el m贸vil hasta la tina de ba帽o, pero, si me remito a la experiencia vivida estos siete d铆as, el tel茅fono celular lleg贸 para facilitarnos la vida, aunque eso no necesariamente signifique rendirnos a la presi贸n publicitaria que acostumbra martillear con cada producto: 鈥渘o puedes vivir la vida sin m铆鈥.
